En parte, la madurez de una persona se vera indicada por cuánto habla, cuánto calla, cómo habla, lo que habla. Porque la persona crecida, no sólo en el conocimiento del Señor, sino también de los principios espirituales, entiende el poder que radica en las palabras. El correcto cuidado de este instrumento y arma tiene como resultado, autoridad y poder a la hora de comunicar orar y declarar.
Ef 4:29: "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes."
Parte de la responsabilidad del creyente es cultivar el arte espiritual de la palabra que sale de nuestra boca, porque no solamente nos afecta individualmente y a los que están próximos, sino también a los demás.
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